domingo, 25 de mayo de 2008

1ª KDD DEL SHADOW CUSTOM CLUB

Decenas de sombras se reunieron en Aranjuez el pasado 17 de mayo. Procedían de todos los lugares de España, Córdoba, Alicante, Madrid, La Rioja, etc. etc. La génesis de esta reunión nace en el espacio del shadow custom club, sitio de reciente creación, pero gran éxito.


La reunión se organizó con una comida previa en Toledo, para a continuación tomar rumbo a Aranjuez. Nuestras sombras hicieron que el día se convirtiera en oscuridad, y no supieramos realmente si los truenos procedían del cielo o de nuestros escapes.



Una vez en Aranjuez, cómodamente alojados en el camping internacional, comenzamos a conocernos mejor, y a pasearnos por los alrededores de la ciudad. Incluso fuimos a una fiesta cercana en la que contribuimos a animar al personal.

Por la noche cenamos en el bufet libre de la villa de reyes y unos nos retiramos y otros continuaron la marcha hasta que el cuerpo aguantó.

En definitiva fue nuestro primer punto de reunión de lo que a buen seguro serán muchos más, todo salió perfecto, a pedir de boca. La gente expectacular y las motos, que puedo decir de las sombras, preciosas, increibles, perfectas.


martes, 13 de mayo de 2008

EL VERDADERO MOTERO

Es complicado a priori definir quien es un motero y quien no. Este es un tema muy nombrado en toda discusión y siempre parece que la verdad absoluta es que moteros somos todos, que no importa la moto que lleves y que puede ser más motero el paisanín del pueblo que todos los días va en moto, que cualquiera de nosotros. Bien, pero yo voy a dejar mi opinión en este artículo.
Lo primero voy a hacer referencia a un escrito del Pais, que define con una proximidad bastante real, lo que yo pienso que debe ser un motero:


Ser paisaje:

Cuando llueve, nos mojamos. Cuando hace frío, tiritamos. Cuando hace calor, nos asamos. Cuando hace viento, acabamos reventados de tanto compensar. De noche, vemos mal. Cuando una carretera atraviesa un naranjal o serpentea entre mimosas, nos perfumamos. Cuando pasa por las proximidades de una industria química, apestamos. Si el camino es polvoriento, comemos polvo. Si es pedregoso, mucho ojo, porque antes o después te va a tocar la china. Oímos muy poco, sólo el aire zumbándonos en los tímpanos. El motor es solo una vibración - adorable vibración - entre los muslos. Los insectos se estrellan contra nuestras viseras, guantes y chaquetas: ay del imprudente que deje alguna parte de piel al viento, porque ahí es donde más le darán......No es que los motoristas nos identifiquemos con el paisaje, sino que somos paisaje. El paisaje se moja, se hiela y se reseca. Nosotros también. De noche no se ve. Nosotros tampoco..... Ocurre que a menudo nos sentimos Peter Pan, nos resistimos a enterrar esa adolescencia, como gato panza arriba. Por eso somos profundamente envidiados. "Cuando vas conduciendo, el tiempo entre la decisión y el efecto de esa decisión - y ambos dependen de tu cuerpo - es el más breve posible. Tú decides algo y sucede, y en ese momento estás muy cerca de la libertad existencial"


En el artículo dice que somos paisaje, pero yo voy por otro lado, nos mojamos, pasamos calor, olemos el paisaje, etc. etc.


Entonces que quiero decir, pues básicamente un motero para mi, ha de ser una persona que su vida, su pasión, lo que le hace sentirse feliz, son las motos. Muchas cosas más te pueden hacer sentirte bien, pero las motos para los moteros son la esencia, el sumun.


A un buen motero, le gustan todas las motos, puede que tenga un tipo de montura, ya que el dinero coharta mucho, pero da igual, si es que hasta los scutter tienen su punto. Rueda sin importar el tiempo, ni los kilómetros, ni el destino, rueda por el simple hecho de andar en moto, que es lo que le apasiona.


En el mundo de la moto hay muchos estilos, los RR, los custom, los turismo, etc.. pero todos los verdaderos moteros se ayudan ante las adversidades, devuelven el saludo en carretera, por que su pasión son las motos y eso no se puede remediar.


Existe mucha gente, sobretodo ultimamente, que no son moteros ni por asomo, esta gente se compra tal o cual moto, se disfraza y se va a la concentra de la esquina y dice que es motero, no lo entiendo. Libres somos todos, pero no entiendo esa manía de aparentar lo que no se es.


En el mundo custom, que es donde yo me muevo ultimamente, esto se repite con demasiada frecuencia, es un ambiente al que la gente externa entra con suma facilidad, son motos muy bonitas, con un halo de leyenda motera, (la publicidad harley y el cine ayundan mucho). Te compras una harley o cualquier custom, da igual, te disfrazas, en la primera concentra te llenas el chaleco con los parches que venden en la tienda, te colocas una badana y zas, por arte de magia eres el más motero del mundo mundial.


Que va, ser motero es mucho más que llevar el disfraz y que en el bar de la esquina la gente te mire con curiosidad/admiración. Ser motero en mi opinión, es otra cosa. Ser motero es rodar cuando llueve, plantearse el turismo siempre en moto, trabajar para andar en moto, y como he dicho al principio que tu vida sea la moto.

Adjunto a lo dicho, un artículo más que me ha gustado y suscribo en sus palabras. Está sacado de la red.

La moto es uno de los medios de transporte a motor más antiguos que existen desde que se inventó el motor de combustión interna, tal como lo conocemos hoy en día. Y no se necesitó de mucha tecnología para que las bicicletas del siglo XIX pasaran a tener motores que evitaran “pedalear”... Pero con el transcurso del tiempo, su rol cambió. Desde comienzos del siglo XX, la moto comenzó a convertirse en una forma alternativa de disfrutar la vida. Los primeros “viajeros” no contaron con la comodidad de las motos de hoy, pero todos, desde el comienzo, salieron a la ruta con el único fin de “oler el viento”. Quienes nunca tuvieron una moto suelen mirarnos a los motociclistas como quien mira a un “demente”. Las preguntas sobre lo “peligroso que es andar en moto y porqué lo hacemos” son moneda frecuente. Pero como todo en la vida, eso tiene otra visión: para todo motociclista, la moto es una pasión… y esa pasión se refleja en todo… hasta en una mesa de café. Por lo general, un motociclista es una persona extremadamente “apasionada” a la hora de hablar de su moto. Si no has tenido nunca una, te recomiendo no te sientes en una mesa rodeada de motociclistas porque tu tranquilidad mental correrá serio peligro al escuchar largas conversaciones sobre motores, suspensiones, viajes, rutas y otras cosas similares, que solo pueden ser interrumpidas por quien posea un motor más potente o haya hecho un viaje más largo. Seamos realistas, cuando nos juntamos a “hablar de motos”, somos insoportables para los demás mortales. Pero lamentablemente para todos, cada día somos más difíciles de identificar en forma preventiva, y ello hace que la “profilaxis anti-monólogos”, sea difícil hoy en día. Antes, la cosa era más fácil. Pelo y barba largos, campera de cuero, un jean muy roto y lleno de grasa… ¡y ya está!, cualquiera podía identificar perfectamente a un motociclista y evitar su tediosa charla sobre “la importancia del cable del acelerador”. Pero ahora la cosa ha cambiado mucho... Hoy en día, un motociclista se encuentra bajo un camouflage que, en muchos casos, lo hace difícil de identificar. Y una vez en la mesa, deberás escuchar largos relatos sobre un viaje “por la ruta cuarenta” mientras te preguntas “¿dónde queda esa ruta?”. ¿Y porqué ocurre esto? Sencillamente, porque el Motociclista de la actualidad no responde a ese patrón físico que nos llegó de la mano de Hollywood. El “Motero”, Motoquero, o como te guste llamarnos, es una persona (hombre o mujer) que ha elegido a la moto como un medio de vida. Sí, leíste bien, dice “medio de vida” y no “de transporte”. El motociclista actual, en la semana, es un profesional, empresario, estudiante o un empleado común y corriente, que los fines de semana disfruta de algo que ningún automovilista disfrutó nunca: El viento en la cara. Las motos han cambiado. Ya no son las “regadoras de aceite” de fines de la Segunda Guerra Mundial. Una moto actual es una pieza de muy alta tecnología diseñada específicamente para entregar el 100% de satisfacción a su propietario. Y esos “propietarios” las adoran mucho más que… este... bueno… Seamos francos, las adoramos “demasiado” en algunos casos. Hay una vieja frase que dice que los únicos que comprenden a los motociclistas son los perros que alguna vez han sacado la cabeza por la ventanilla del auto. ¿Nunca los viste?, ¿viste la cara de felicidad de un perro cuando hace eso? Pues tiene la cara al viento como un motociclista… y eso no se le puede contar a alguien, solo puede ser vivido para comprenderlo. Pero volviendo al tema de “Cómo protegerse de un motociclista en la mesa”, te cuento que debido a que el “motero” actual es médico, ingeniero o de la profesión que se te ocurra (debo confesarlo: hay abogados también), esa persona, en la semana, se disfraza de “normal” para cumplir su trabajo. Pero por debajo de la piel de esa “persona normal”, una enfermedad incontrolable se mantiene latente. Una especie de fiebre comienza a apoderarse de él el día jueves… Y cuando llega el viernes comienza a despojarse de sus tareas habituales y a pensar solamente “en eso”… Si piensas que “la moto” es una adicción o una enfermedad… Bueno, nadie dijo que no lo fuera… Pero, seguramente, es incurable. Y llega el sábado… y con él, la oportunidad para salir a “pasear un rato”. ¡Y cualquier excusa es buena! Desde la muy utilizada “encontré una parrillita nueva en el kilómetro 94 y medio de la ruta 3580”, hasta la de “el sábado es para salir con los amigos, el domingo para la familia”. Pero ambas son mentira. Son crueles mentiras inventadas por nosotros, los motociclistas, para poder estar “con ella”. Para poder salir a la ruta con nuestros cascos bajo el sol, disfrutando en pareja con ella… mmm… ¡atención esposas! He visto motociclistas que han viajado medio planeta para poder recorrer la Ruta Nacional 40 de Argentina. Motociclistas que han salido desde Buenos Aires y han ido “a dar una vuelta” hasta Canadá… o los que se van “hasta Ushuaia” o a Machu Picchu. Y no son pocos. Son muchos más de los que puedes imaginar, porque la moto te invita a viajar, a conocer nuevos lugares… a sentirte libre. Te asombraría saber que en Argentina tal vez la vertiente de turismo interior más fuerte sea el moto-turismo. Todos los fines de semana, cerca de un cuarto de millón de “moteros” viajan a algún lado “a pasear un poco”. Y en el verano, los viajes se multiplican. Pero siempre, el motivo es el mismo: salir a disfrutar de la ruta y el paisaje con el viento en la cara. Incluso te asombraría saber cuan distinto se ve nuestro hermoso país desde una moto, si lo comparamos con un auto. Pero eso puede ser tema para otro día… Hoy el tema es contarte porqué no es lo mismo “la moto” que un buen auto o una 4x4… Que conozcas un poco a estos “locos” que viajamos disfrutando del sol y aceptando la lluvia, sólo por el placer de estar en la ruta… De viajar sobre nuestra moto oliendo el viento. Y la próxima vez que vayas en tu auto y cruces a un solitario viajero o a un grupo de ellos… no los mires como a locos. No pienses que son “peligrosos vagabundos sin trabajo” que han salido a hacer de las suyas… Recuerda a tu perro (o alguno que hayas visto) cuando saca la cabeza por la ventanilla. Recuerda que seguramente habrás comentado para ti mismo “qué cara de felicidad la de ese perro” o le habrás dicho a quien estaba contigo “¡mirá el perro, qué feliz que es sacando la cabeza!”… Y comprenderás porqué amamos a nuestras motos. Porque son lo que nos permite ser felices disfrutando de la ruta. No importa cual. Lo importante es la ruta y la libertad, porque son el medio para lograr la felicidad…Y no importa el sexo ni la condición social. El viento nos da en la cara a todos por igual (como a los perros). Pero te recomiendo que evites las mesas de café. Pues, aparte de incurable, es muy contagioso.

Y por último pongo la definición que la RAE da de motero: "apasionado de la moto"

Jorge Lizama Prado (Tiri)

sábado, 3 de mayo de 2008

MI SEGUNDA CAIDA

Corría el año 1992, habíamos quedado unos amigos y yo para dar una vuelta, como siempre. Nada de aquella tarde de invierno hacía presagiar que no acabaría bien.
Recuerdo que subimos pajares a fuego, íbamos motos pequeñas juntas con otras más grandes, a la subida no teníamos nada que hacer, pero la bajada era otra cosa, nosotros jóvenes inconscientes no temíamos a nada, que queréis 17 años es una edad un tanto temeraria.
En el alto del puerto recuerdo que tomamos cecina y vino, coca cola para los más jóvenes, después enfilamos la bajada.
Es increíble como anda un pequeño motor de dos tiempos, curva tras curva nos íbamos jugando el pellejo. Apuradas de frenada que hacían tambalearse la moto y moverse en todas la direcciones. Fue una bajada espectacular. Aunque arriesgando, tampoco nos saltamos muchas señales, no adelantamos nunca con raya continua….
Abajo del puerto comienza una autopista que por entonces te llevaba hasta Mieres, después se iba por la antigua carretera de Oviedo, ya sabéis la de los túneles. Aquí si que las locuras aumentaron escandalosamente, no se me olvidará mi compañero César adelantando un camión por la derecha, vaya por el arcén. Yo detrás.
A la altura de un pueblo, yo iba adelantando a una CBR por el carril de declaración, cuando en el medio del carril, en el sitio que hay que parar había una isleta que yo no vi, por ese motivo salí despedido por los aires. Volamos moto y piloto.
Cuando vas rodando por el suelo, es increíble no piensas en nada, sólo que estás rodando y dando vueltas, yo veía como a mi alrededor pasaban coches y camiones, eran los del lado contrario a mi marcha, pero a mi me daba la sensación que me iban a pasar por encima, los veía demasiado cerca. Cuando al final paré, a gatas intenté salir del carril de deceleración, pues pensaba que un camión me iba a llevar por delante. Pero no, estaba bien y no me había pasado nada, afortunadamente.
Una vez en pié y agradeciéndole a mi casco Shoei que me hubiera salvado la vida, escuché los improperios de los automovilistas que gritaban, ¡Vais como locos!, había alguno que preguntaban si estaba bien. La verdad que con 17 años estaba como en el limbo, supongo que en un caso así cualquiera tenga la edad que tenga estaría en el limbo.
Pues las consecuencias, fueron nulas, un pantalón roto, y la moto un poco abollada, pero bien se podía andar con ella. Un €compañero motero me la había recogido del carril de la marcha normal que estaba parado debido a que la moto estaba en el medio. Por lo cual, como ni moto ni motero teníamos nada grave pues hacia Oviedo.
Era un sábado y de aquella solíamos parar en una discoteca de yogurines llamada estilo, ese día por causas lógicas yo no fui. Enfilé directo rumbo a mi casa. Mi madre se extrañó bastante que llegara tan pronto, pero no hizo muchas más preguntas, al día siguiente con calma le explicaría mi pequeña aventura.
Estando en casa el teléfono empezó a sonar, de aquella no había móviles, por lo cual el teléfono de casa sonó y sonó, sabía que tenía amigos, pero nunca pensé que tanta gente me pudiera llamar, fue lo más bonito de aquel día, si se puede decir que aquel día tuvo algo bonito.
Después de aquella caída, que nunca olvidaré, nunca volví a conducir igual, siempre lo he hecho con respeto a la carretera, porque de momento ha sido, la única vez en mi vida que realmente la he visto de cerca.
V´ss y andar con cuidado.

Jorge Lizama Prado (Tiri)

jueves, 1 de mayo de 2008

MAYOS 2.008

Bueno pues ya estamos en casa de nuevo. Os contaré un poco mis aventuras de mayos.

Salí de casa, el viernes después del curro, para estar en el punto de encuentro, donde había quedado con Taz y Emma a las 15:15. Después de quince minutos me llama Taz, que ha tenido percance con un "enlatado" y que ha perdido un intermitente y la defensa la tiene doblada. Le espero por tanto, tomandome algo en la gasolinera.



Las dos shadow a punto de partir

A partir de aquí todo autopista, con paradas para repostar, cenamos en un pueblo cerca de Ocaña y continuamos hasta Alhama, sitio al que llegamos de madrugada, a eso de las 2 y media.


Monté la tienda, con la ayuda de Nadya (gracias) y nos fuimos a tomar una cervecita, para ver el ambiente de la concentra. Muy pobre pues ya estaban cerrando. Por lo cual al rato para la tienda de nuevo y a descansar.


A la mañana siguiente amanece un sol espléndido, tanto que nos obliga a levantarnos a poco de las 8 de la mañana. Es una pena que la zona de acampada no tenga sombra, pues se trata de una explanada rellena de tierra, lo que provoca mucho polvo y que no se pueda dormir, debido al exceso de calor.

Desayunamos en la concentracion y nos fuimos a la ruta propuesta por la organización. No me gustó nada, ya que nos llevaron a polaris golf a un ritmo de risa (entre 30 y 40). He de decir que Polaris golf es un sitio ganado al desierto, una macrourbanización pensada para guiris, no me gustó nada y tampoco que la organización nos decidiera llevar allí, seguro que la región tiene sitios más chulos para ver. Esto lo comprobaríamos más adelante....

De vuelta en la concentra nos encontramos a la gente del Shadow Custom Club, (Pope, Zagal y Momo), por lo que nos fuimos a comer con Pope y Zagal. Una comida muy rica y muy mediterranea.

Después de la comida aconsejados por Zagal (que es de la zona) subimos a una sierra cercana a Alhama que es una pasada, me gustó mucho el paseo. Nos tomamos un par de cervezas y a eso de las 8:00 bajamos de nuevo a los mayos, despidiendonos de los shadowers hasta la kdd de Toledo.

Cenamos por deferencia de la concentra y estuvimos en la zona de conciertos viendo a Mclan, la guardia y otros grupos menos conocidos. Los pantrucus antes de que terminara el concierto de la guardia, yo me quedé hasta el final, ya que me estaba gustando mucho. Una vez que terminó pues para la tienda de nuevo.

El domingo me levanté a las 8:00 y a la media hora ya estaba de nuevo de vuelta a Asturias, en 9 horas y media alcancé mi objetivo, dejo la única foto que hice en todo el camino:

Dejo unos datos de interés para el viaje:

Gasolina gastada: 131,20 €

Peajes: 61,05 €

Entrada de la concentra: 40,00 €

Gastos varios: 60,00 €

Total de gastos: 292,25 €