martes, 24 de febrero de 2009

LA RUTA DE SIEMPRE


Gabriels Oboe (from the Mission) - Ennio Morricone

Hoy ha tocado la ruta de siempre. Supongo que todos nosotros tenemos esa ruta especial, que repetimos y repetimos. La primera vez que hice esta ruta tenía 15 años, ya llovió. En un vespinillo, sin casco y con una garrafa de gasolina en el transportín. ¡Qué tiempos!.

La ruta consiste en ir a mi pueblo de León, Boñar, por el puerto San Isidro y bajar el por el puerto Pajares. Como he dicho, esta carretera la he recorrido en innumerables ocasiones. Me encanta, tiene una mezcla de todo tipo de carreteras y paisajes que la hace especial. En invierno, es si cabe todavía más bonita. Lo es por los olores, que cosa eh?. Ese olor a madera quemada me encanta, es una sensación que me reconforta. Yo en moto, frío en la calle, nadie en la carretera. Seguro que me entendeis a que sí?.

Pero un inciso, el fin de semana empezó no motero. Ruta en coche y en familia. No tiene nada que ver con el mundo de la moto, pero me apetecía colgar en el blog las fotos de la famili. Fuimos a otra ruta típica en los Asturianos, y no es otra que visitar la basílica de Covadonga. Mi hijo nunca había estado y la verdad es que me prestó mucho estar allí. Va, las fotos:












Pero volvamos al día de ayer. Carmen y yo, después de dejar a Jorge con su primo, nos fuimos a hacer la rutilla que comentaba al principio. Ibamos con el tiempo algo justo, la idea era comer por el camino. Al ser lunes, seguro que algún menú del día encontrábamos. Buena comida a precio competitivo.

Autopista hasta pasar Mieres, desvío y por la nueva carretera esta que han hecho hasta lo alto del puerto San Ididro. Pasamos un montón de pueblos y no encontramos un sitio que nos convezca. En Felechosa hay varios, pero decidimos tirar hasta Puebla de Lillo, donde concozco yo un restaurante a pie de carretera que está bastante bien.

Subiendo el puerto, no podemos evitar parar a echar unas fotos. Es un paisaje alucinante...


Llegamos a Puebla de Lillo, comemos fabes con almejas y carne guisada, muy rico la verdad. El café lo tomamaremos en Boñar.

Siempre que hago esta ruta, paro en el mismo sitio, en el pantano del Porma, en el mismo mirador. Paisaje precioso, carretera estupenda, vaya tumbadas que hemos hecho con la pan, prácticamente está marcada la rueda trasera en su totalidad. Son ya 12.000 km y poco a poco me voy haciendo a ella. Me encanta esta moto.


Al llegar a Boñar, tocaba el momento trail del día. Mucho tiempo hacía que no iba a visitar el puente medieval de mi pueblo. Curioso que un sitio tan agradable, no esté más explotado, por haber no hay ni un cartel que te diga la antiguedad del puente. El sitio mola un huevo y está a escasos 200 metros de la general.


Al centro puedes ir por la general, dando la vuelta, o por un camino a la ribera del Porma. Nosotros fuimos por esta segunda vía, jejeje. Mira que esta moto no está preparada para salir de lo negro, pero te lo pasas pipa con sus casi 400 kilos de peso por charcos y demás. El trail tiene que ser una experiencia bestial, pero como no hay dinero para todo, nos conformamos con excursiones de domingueros por caminos facilones...


Facilillo, pero Carmen se tuvo que bajar dos o tres veces, imposible controlar la moto con tanto peso.

Después del momentillo trail, nos fuimos a tomar un cafetín al viejo.

Desde aquí por el pajares para casa.


Impresionante fin de semana el que nos hemos pasado, a medias entre familia y moto. Me gusta.

jueves, 5 de febrero de 2009

LA MOTO Y EL MAR


Aeriths Death Scene Orchestrated - Nobuo Uematsu





















































"El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical, estaban en sus mejillas. Estas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo, y sus manos tenían las hondas cicatrices que causan la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de esas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto. Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos"

El viejo y el mar. Ernest Hemingway