viernes, 14 de septiembre de 2018

LA VIDA TE PUEDE CAMBIAR EN UN SEGUNDO

Ese día había bajado primero la Farrapona y después, para hacer un vídeo sobre los neumáticos, bajé por la pista que da a Ricabo desde Ventana.

Era lunes y apenas había tráfico. Empezamos con la toma de contacto del puerto somedano, una pista sencilla sin muchos alicientes. De ahí pasé a la otra pista de Ventana, que la conozco relativamente bien porque la he hecho varias veces.

A mitad de pista paré donde una iglesia y ahí se me acabaron las baterías de la gopro principal. Tuve suerte, porque completé mi vídeo prueba de los neumáticos que llevaba puestos.


Sin la presión de narrar mis vivencias, me dejé llevar. Primero me quedé atontado mirando el paisaje, ese despiste casi da con mis carnes en la cuneta, lo libré.

Los sustos en moto, son tan habituales, que apenas les doy importancia. Seguimos bajando. A medida que descendía, iba cruzando la rueda trasera en las frenadas, no por nada, sino por ir practicando un poco la conducción off road. Lo típico ya sabéis, que la trasera se te vaya un poco y de esta manera diriges a la vez que aminoras velocidad.

Ya llegando abajo, de repente, me cruzo con un 4x4 que venía más bien alegre. De manera instintiva crucé la moto, a la vez que pulsaba el freno delantero lo justo, para pasar por el escaso metro que me quedaba en el margen derecho de la pista. La libré como un auntentico profesional. Incluso agradecí que la Africa no desconecte el ABS del delantero, que si bien no llegó a bloquear, si que lo tuve que usar para aminorar la marcha.

Y después de esto, como siempre, me puse a pensar. La moto sirve para muchas cosas, pero en mi caso, pienso muchísimo en ella. Recordé el dialogo de Benjamin Button en la que Daisy tiene un accidente:

Una chica en París se disponía a ir de compras. Pero se le olvidó el abrigo y volvió por él. Cuando tomó el abrigo sonó el teléfono, así que se detuvo a tomarlo y habló un par de minutos.

Mientras la chica estaba al teléfono, Daisy ensayaba para una actuación en la Ópera de París. Y mientras ensayaba, la chica, una vez que hubo colgado el teléfono, salió a tomar un taxi.

Un taxista se había bajado, tras dejar al último pasajero, a tomar un café. Y mientras tanto, Daisy seguía ensayando.

Y el taxista que se había bajado, tras dejar al último pasajero, a tomar un café, recogió a la chica que había ido de compras y que había perdido el taxi anterior.

Y el taxi tuvo que detenerse para no atropellar a un hombre que había salido hacia el trabajo cinco minutos más tarde por haber olvidado poner la alarma.

Mientras ese hombre, que llegaba tarde al trabajo, cruzaba la calle, Daisy había terminado de ensayar, y se daba una ducha.

Y mientras Daisy se duchaba, el taxi esperaba afuera de la boutique a que la chica recogiera un paquete que no le habían envuelto aún, porque la dependienta que tenía que envolverlo había roto con su novio la noche anterior, y se había olvidado.

Una vez envuelto el paquete, la chica, ya en el taxi, vio como un camión de reparto se cruzaba en su camino. Mientras tanto, Daisy se arreglaba.

El camión se apartó y el taxi pudo avanzar. Mientras Daisy, la última en vestirse, esperó a una de sus amigas, a la que se le había roto un cordón.

Mientras el taxi estaba parado, esperando que cambiara un semáforo, Daisy y su amiga salieron por la puerta de atrás del teatro…

¿Y si tan sólo una cosa hubiera ocurrido de otra forma?

Si ese cordón no se hubiera roto… o ese camión se hubiera apartado segundos antes… o ese paquete hubiera estado envuelto porque la dependienta no hubiera roto con su novio… o ese hombre hubiera puesto la alarma y se hubiera levantado cinco minutos antes… o ese taxista no se hubiera parado a tomar un café… o esa chica no se hubiera dejado el abrigo y hubiera tomado el taxi anterior… Daisy y su amiga hubieran cruzado la calle y el taxi habría pasado de largo.

Pero siendo la vida como es, una serie de vidas cruzadas e incidentes que escapan a nuestro control, ese taxi no pasó de largo. Y ese taxista se distrajo un segundo. Y ese taxi atropelló a Daisy y le destrozó la pierna…

Al final te das cuenta que cualquier decisión (propia o no) afecta tu futuro. Que hubiera pasado sino voy entrenando la frenada durante toda la bajada? seguro que en el momento del cruce con el vehículo me lo hubiera comido. Y sino hubiera ido a Marruecos, donde Eduard me comentó que en las bajadas se tira del delantero con mucho tacto, quizás también me la hubiera dado porque la moto se me habría cruzado mucho. Y sino hubiera parado en la iglesia? Seguro que por tiempo me habría librado del 4x4.

Al final la única conclusión que saco es que en moto, siempre, siempre hay que ir con todos los sentidos en alerta. Y también que esto durará hasta que dure, pero mientras esto suceda es mejor vivir lo más intensamente posible.


lunes, 10 de septiembre de 2018

NUEVA TEMPORADA MI VIDA EN MOTO