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martes, 6 de diciembre de 2011

LA DECADENCIA DE OPORTO


Bajo el puente de Don Luis I, en la Ribera, los colores nocturnos de la ciudad de Oporto enamoran. Hay barquitos descansando sobre el río, multitud de restaurantes diminutos, algunos casi cayendo que ofrecen al turista un plato de bacalao o algún pescado fresco recién hecho. Oleadas de extranjeros pasean por las calles de la Ribera, dando a la ciudad una vida que según hacia donde mires parece que se le escapa. Los olores se mezclan, cada ciertos metros hay un puesto de castañas del que emana un humo que invade varios metros a su alrededor, el río huele a río, las calles sucias huelen a pescado, las limpias huelen a todo lo demás.

Por la mañana la Ribera cambia, pierde esa magia que le confiere la iluminación nocturna. A un lado del Duero se encuentran todas las bodegas que elaboran el esquisito y peculiar caldo de Oporto. Sandeman es la más llamativa; el escocés con sombrero español y capa de estudiante portuguesa, todo de negro, te sugestiona para que pruebes eso que atesoran sus bodegas. Un tipo explica los entresijos de la bodega disfrazado de la imagen de la entrada, tiene gracia. Lo mejor es que al final te ofrecen una cata.



El resto de la ciudad vieja es un entresijo de calles estrechas, sucias y empedradas que tiene un cierto encanto. Hay muchos edificios que están en estado ruinoso, multitud de "buscavidas" solicitan una limosna utilizando para ello todo tipo de recurrentes trampas y escusas. Las fachadas de los edificios desvencijados, se unen a tiendas de Rolex e iglesias decoradas con preciosos azulejos.

El mercado de Bolhao es un exponente de la realidad de Oporto. Un edificio de tres alturas con patio interior, apuntalado en su totalidad, con sus pilares de forja oxidados, resguarda multitud de puestos de fruta, flores, gallinas vivas, chorizos y pan. Las palomas se arremolinan al rededor de la fruta y una señora dando palmas evita que se coman sus frutos. Es un sitio ciertamente auténtico y embriagador.


En la Rua Santa Catalina se encuentra el Café Majestic, sitio emblemático de Oporto que también es rancio. Pero quizás sea ese sabor rancio, lo que lo hace acogedor. Sorprende ver como uno de los iconos de la ciudad, tiene sus espejos llenos de humedades y como las columnas han perdido la pátina del estuco veneciano. La calle del Majestic es una avenida llena de gente, aquí hay menos edificios destartalados, los bajos están llenos de comercios, peluquerías, tiendas de souvenirs, perfumerías, zapaterías, tiendas de ropa..... Es un sitio muy animado de compras, uno de los toques pintorescos sigue siendo los puestos de castañas que a su al rededor lo llenan todo de humo.


Muchos más sitios y rincones tiene Oporto, su catedral, sus iglesias, la librería Lello e Irmao, todo eso y mucho más es Oporto:


El resto de fotos en mi facebook

V´ssssssssss