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sábado, 3 de mayo de 2008

MI SEGUNDA CAIDA

Corría el año 1992, habíamos quedado unos amigos y yo para dar una vuelta, como siempre. Nada de aquella tarde de invierno hacía presagiar que no acabaría bien.
Recuerdo que subimos pajares a fuego, íbamos motos pequeñas juntas con otras más grandes, a la subida no teníamos nada que hacer, pero la bajada era otra cosa, nosotros jóvenes inconscientes no temíamos a nada, que queréis 17 años es una edad un tanto temeraria.
En el alto del puerto recuerdo que tomamos cecina y vino, coca cola para los más jóvenes, después enfilamos la bajada.
Es increíble como anda un pequeño motor de dos tiempos, curva tras curva nos íbamos jugando el pellejo. Apuradas de frenada que hacían tambalearse la moto y moverse en todas la direcciones. Fue una bajada espectacular. Aunque arriesgando, tampoco nos saltamos muchas señales, no adelantamos nunca con raya continua….
Abajo del puerto comienza una autopista que por entonces te llevaba hasta Mieres, después se iba por la antigua carretera de Oviedo, ya sabéis la de los túneles. Aquí si que las locuras aumentaron escandalosamente, no se me olvidará mi compañero César adelantando un camión por la derecha, vaya por el arcén. Yo detrás.
A la altura de un pueblo, yo iba adelantando a una CBR por el carril de declaración, cuando en el medio del carril, en el sitio que hay que parar había una isleta que yo no vi, por ese motivo salí despedido por los aires. Volamos moto y piloto.
Cuando vas rodando por el suelo, es increíble no piensas en nada, sólo que estás rodando y dando vueltas, yo veía como a mi alrededor pasaban coches y camiones, eran los del lado contrario a mi marcha, pero a mi me daba la sensación que me iban a pasar por encima, los veía demasiado cerca. Cuando al final paré, a gatas intenté salir del carril de deceleración, pues pensaba que un camión me iba a llevar por delante. Pero no, estaba bien y no me había pasado nada, afortunadamente.
Una vez en pié y agradeciéndole a mi casco Shoei que me hubiera salvado la vida, escuché los improperios de los automovilistas que gritaban, ¡Vais como locos!, había alguno que preguntaban si estaba bien. La verdad que con 17 años estaba como en el limbo, supongo que en un caso así cualquiera tenga la edad que tenga estaría en el limbo.
Pues las consecuencias, fueron nulas, un pantalón roto, y la moto un poco abollada, pero bien se podía andar con ella. Un €compañero motero me la había recogido del carril de la marcha normal que estaba parado debido a que la moto estaba en el medio. Por lo cual, como ni moto ni motero teníamos nada grave pues hacia Oviedo.
Era un sábado y de aquella solíamos parar en una discoteca de yogurines llamada estilo, ese día por causas lógicas yo no fui. Enfilé directo rumbo a mi casa. Mi madre se extrañó bastante que llegara tan pronto, pero no hizo muchas más preguntas, al día siguiente con calma le explicaría mi pequeña aventura.
Estando en casa el teléfono empezó a sonar, de aquella no había móviles, por lo cual el teléfono de casa sonó y sonó, sabía que tenía amigos, pero nunca pensé que tanta gente me pudiera llamar, fue lo más bonito de aquel día, si se puede decir que aquel día tuvo algo bonito.
Después de aquella caída, que nunca olvidaré, nunca volví a conducir igual, siempre lo he hecho con respeto a la carretera, porque de momento ha sido, la única vez en mi vida que realmente la he visto de cerca.
V´ss y andar con cuidado.

Jorge Lizama Prado (Tiri)