sábado, 21 de marzo de 2020

RUMANIA EN MOTO (Parte 3). HALLSTATT

Viene de aquí


Si en la entrada anterior hablaba de que la Grossglockner es una de las carreteras más bonitas del mundo, hoy os voy a hablar de Hallstatt, un pueblo a orillas del lago que lleva su nombre, que aparece en todas, absolutamente todas las listas de los pueblos más bonitos del mundo.

Si ya tenemos la experiencia de la carretera alpina, este encantador pueblo no decepciona en absoluto.

Pero vamos a empezar donde lo dejamos, en Salzburgo. La noche anterior dormimos en un hotel/casa con cierto encanto a las afueras de la ciudad que dio vida a Mozart.


Aquel día llegamos cansados, con el tiempo justo a cenar y poco más. Yo creo que fue el cansancio lo que hizo que nuestro amigo Juan Carlos tuviera un percance sin mayor importancia, se le calló la moto casi en parado.

Estos lances del viaje te ponen a prueba. Moto nueva que besa el suelo, no suele ser del agrado de nadie, pero los viajes son así y lo mejor de todo es que ni moto ni piloto tuvieron ningún tipo de consecuencia.

Al día siguiente, la luz nos iluminó la visita a la bella ciudad de Salzsburgo. Es una ciudad pequeña, del tamaño de Oviedo para que os hagáis una idea, eso tiene consecuencia que su visita no lleva mucho tiempo.



Visitamos el mercado popular tipo rastrillo, las plazas más importantes y poco más. Por cierto, visitar los mercados es una tarea muy buena a realizar en los viajes. A mi al menos me gusta ver los precios de la fruta, la artesanía local, los postres....

Abandonamos Salzsburgo con la mirada fija en el pueblo de Hallstatt. Ya le tenía yo ganas a esta visita. Estuve cerca alguna que otra vez, pero siempre se me escapaba la oportunidad de disfrutar de semejante maravilla.

Ir en moto, os podéis imaginar, que es una gozada. Ya no solo por la visita en si al pueblín, sino por los maravillosos paisajes. Paisajes, que por cierto no te abandonan casi nunca estando en Austria.


La visita no lleva tiempo, ya que es un pueblo muy pequeño. Disfrutamos por un rato de las vistas y seguimos camino. Ese día tocaba comer de restaurante. Realmente no era premeditado, simplemente paramos a tomar una cerveza en un local de la zona y una cosa llevó a la otra. Esa comida me pareció uno de los momentos del viaje, ya veis que cosas simples a veces te dan buenos placeres.




Aquella noche, dormimos en Viena. El hotel elegido fue a las afueras de la ciudad y he de reconocer que pasé algo de miedo por las motos. Las dejamos en la calle con medios de seguridad peregrinos y nos fuimos a echar una cerveza a uno de los antros que abundaban en esta zona de la ciudad. La cena fue en otro antro, un kebab sino recuerdo mal....

Como comentario decir que las ciudades grandes o medio grandes es mejor evitarlas a o no ser que duermas más de un día en ellas. Si son de paso, lo mejor es dormir en un pueblo, que es más económico y te da otras sensaciones.

Amaneció otra vez, las motos estaban en el mismo lugar en la que las habíamos dejado. El miedo es libre, a veces te condicionas más por tu entorno y tus prejuicios que lo que realmente estás viviendo.

Ese día teníamos pensado ir a dormir a Budapest. Nos separaban apenas 250 kilómetros, pero uno propone y Dios dispone....

Según entramos en Hungría, Pope (goldwing) advierte que la moto le está haciendo extraños. Miramos la rueda y vemos que está pinchada. Estuvimos un rato intentando adivinar de donde procedía el pinchazo sin éxito, por lo que decidimos ir metiendo aire en cada gasolinera hasta que localizásemos un taller en el que nos pudieran reparar la rueda.

Eso ya lo contamos en la siguiente entrada, de momento os dejo el vídeo que edité para la ocasión...

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